EVA-XE

Autor: HerSan

Eva-Xe fue a pasear con un patito de color naranja.

Largos y verdes cabellos pretextaban la fuerza del viento para fustigar con rabia unos hombros desnudos e indefensos. Se llamaba Eva. Se enroscó uno de sus tres dedos al cuello y lloró sobre la barandilla al descubrir una llaga que vomitaba a borbollones sangre que no recuperaría. "Sábado y con este vendaval", murmuró, y cabrioló alegremente mientras un amasijo de mocos y lágrimas se balanceaba sobre su labio superior intentando recordar aquella canción del río Nervión, por el que circulaba algo.

Cuando llegó a casa ya era otoño. Su madre la esperaba colgada de la aldaba de la puerta e intentando esconder varios brazos tras la espalda. Su padre dormitaba una plácida siesta en un sofá feo. "¿Dónde está el pato?", preguntó la madre, que hacía gárgaras con la boca hacia abajo y con una pose muy graciosa. Eva remedó su actitud y con una sonrisa así de grande ensayó un saltito por el que se dio de bruces contra el suelo. Su padre despertó sobresaltado y miró sin entender. Parecía qua fuera la primera vez que viera a Eva. "¿Eso duele?”, le preguntó. Eva, por su parte, ya se había acostumbrado a esa postura y estaba cómoda. Encogió un poco la pierna y dijo: “¿qué pato?”.

¡Qué pato, qué pato, é pato, é pato, pato, ato, ato…! Su voz retumbó por…, su voz retumbó por…

—Oye, ¿por dónde retumbó su voz?
—No, no, señorito, yo no quiero líos.
—Pero señora…
—Perdone, señorito, pero yo no sé nada, soy madre de seis hijos y no quiero líos.
—Está bien, está bien. ¿Alguien sabe cómo sigue esto?
—¡Yo, yo, yo lo sé!
—Pues, ¿a qué esperas?
—Veamos: Su voz retumbó por aquellos lares, provocando en los bellos pajarillos que alegraban con su trino…
—Vale, vale.
—¿Estoy contratado, señorito?, ¿estoy contratado?

La hostia retumbó. Con tal fuerza y claridad que todos tomamos conciencia de la importancia del asunto y desde entonces no hacemos algo que no sea buscar al pato.

 

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